miércoles, 8 de abril de 2026

Familia carmelitana

Fiesta de la familia carmelitana 

de la Provincia de San Joaquín de Navarra

Vitoria, 25 de octubre de 2025

Un año más, en la jornada de ayer, 25 de octubre, celebramos en Vitoria la fiesta de la familia carmelitana de la Provincia de San Joaquín de Navarra de los Carmelitas Descalzos Teresianos. Nos reunimos no solo frailes, hermanas y laicos procedentes de Cantabria, País Vasco, La Rioja y Navarra, sino también numerosos amigos que comparten con nosotros la riqueza de la espiritualidad del Carmelo. Especialmente este año, tuvimos la fortuna de contar con la presencia del padre Agustí Borrell OCD, Vicario General de la Orden, quien se encuentra estos días de visita en la Provincia.

A las 10:00 horas comenzamos a llegar desde diversos lugares al convento de los Carmelitas en Vitoria, donde fuimos recibidos con un café y pastas, mientras compartíamos saludos y el cálido ambiente de familia.

Más tarde, en la capilla del convento, el padre Jon Korta, Superior de la Provincia, nos dio la bienvenida y nos presentó el programa del día, que comenzó, como no podía ser de otra manera, con una oración. En ella, se reflexionó sobre una cita del Papa León XIV, “Diexi te” (Te he amado). Resumo algunas de las preocupaciones que se compartieron: la acumulación de bienes, el aumento del número de pobres, la vida de los ricos en su propia burbuja, la cultura del descarte y el hambre, así como el cambio de sensibilidad para percibir los problemas de nuestros semejantes. Se destacó cómo muchas familias, incluso en los países ricos, no llegan a final de mes y existen múltiples formas de empobrecimiento; también se reconocieron gestos en defensa de la dignidad humana y se puso sobre la mesa la preocupación por la igualdad entre hombres y mujeres, donde a menudo las palabras no se acompañan de hechos.


Después, escuchamos reflexiones del padre Miguel Márquez Calle, Prepósito General de la Orden, quien nos recordó que María cuida nuestra mirada para que no sea negativa y se convierte en una puerta de esperanza hacia lo que Dios quiera. Sus palabras nos animaron, a ver como bendición los pequeños brotes de vida de cada persona y cada comunidad.


Tras la oración, animada por cantos y guitarra, el Provincial presentó al padre Agustí, Vicario General de la Orden, que está entre nosotros para compartir, animarnos y ofrecernos orientaciones positivas, gracias a su perspectiva global. Resumo a continuación sus palabras, que, como señala el padre Miguel, pueden considerarse una puerta de esperanza hacia lo que Dios quiere de nosotros.

El padre Agustí destacó que cada visita es un acontecimiento positivo para captar el dinamismo del Carmelo en todo el mundo. Formamos parte de una gran familia presente en más de 80 países. En la organización de la Orden, el padre General está acompañado de ocho Definidores, uno de los cuales es el propio padre Agustí; actualmente, el padre Miguel está en Brasil. Posteriormente, en Roma, comparten experiencias para tener una visión más precisa de nuestra realidad. Actualmente, la Orden cuenta con unos 4.000 frailes, aproximadamente 8.000 hermanas y unos 30.000 seglares, además de muchos grupos afiliados, como las Carmelitas Misioneras, de San José y otros numerosos laicos, que conforman una iglesia multicolor.



Somos una familia con tres ramas, compartiendo el mismo carisma, y la relación entre estas partes aporta enriquecimiento y vitalidad a la Orden. Cada una expresa el carisma de forma especial, como recoge la Declaración sobre el carisma carmelitano-teresiano, aprobada en el Capítulo General OCD 2021. Santa Teresa, en su reforma, fundó primero la rama femenina y después la de los frailes, siendo la nuestra la única Orden de frailes fundada por una mujer. Los laicos no son meros simpatizantes, sino miembros de pleno derecho que comparten el mismo carisma. La colaboración entre frailes, seglares y hermanas es fundamental, pues sin ella se pierde parte de la riqueza del carisma compartido. En la Provincia de San Joaquín de Navarra ya hemos iniciado ese camino conjunto.

El padre Agustí nos compartió ejemplos de protagonismo de los laicos en el mundo: en Corea, han construido un convento e iglesia y gestionan su mantenimiento; en Italia, existe una casa de espiritualidad creada y gestionada por laicos; en Fátima, monjas y frailes colaboran estrechamente en un proyecto de acogida y orientación de jóvenes, surgido de la colaboración de las tres ramas, del que han surgido vocaciones para todas ellas.

Respecto a los cambios en la Orden, señaló el paso de estar centrados en Europa a estar presentes en el mundo. La secularización que vivimos en Occidente se traduce en menos cristianos y menos vocaciones, pero, en contraposición, la expansión en otros continentes es notable: de los 4.000 carmelitas, 1.000 proceden de la India. En los últimos veinte años, el crecimiento en Asia oriental —Vietnam, Filipinas, especialmente Indonesia— es significativo, al igual que en África, con fuerte presencia en Congo, Nigeria y Madagascar. Destacó asimismo la presencia de laicos en Filipinas y Estados Unidos, así como casos singulares en Siberia, Islandia, o las monjas y seglares de Wallis y Futuna, en pleno Pacífico. En Irak, permanece un solo fraile, aunque también el obispo continúa allí. Esta universalidad del Evangelio y del carisma se refleja en la capacidad de adaptación a distintas culturas y lugares, integrando personas de diversos orígenes, lo que nos enriquece a todos.

En cuanto a los retos, el padre Agustí subrayó varios aspectos:

  1. Inculturación: El carisma debe vivirse adaptado a la personalidad y tradiciones de cada país, muchas de ellas ancestrales. No todo es compatible con el Evangelio, y es necesario discernimiento. Por ejemplo, en algunas culturas existen tradiciones como el sacrificio humano o las castas, que chocan con el Evangelio. En África, el concepto de familia es más amplio que el propuesto por nuestro carisma. Debemos evitar transmitir solo la forma y no el contenido, y no quedarnos en lo exterior.

  2. Nuestra identidad: ¿Qué significa ser Carmelita hoy? En una sociedad en constante cambio, debemos ser conscientes de nuestra vocación y de los aspectos irrenunciables de nuestro carisma. Es fundamental vivir lo que Santa Teresa nos transmitió, adaptando el carisma a las necesidades de cada momento sin anacronismos. Los elementos fundamentales del carisma son: oración, fraternidad y servicio. La amistad es el hilo conductor que define el estilo de vida del Carmelo, donde el servicio es acogida y la hermandad, fraternidad con todos. En la sociedad actual, tan autorreferencial y competitiva, nuestro carisma nos invita a crecer y madurar en relación con los demás. Estos tres elementos —oración, fraternidad y servicio— están unidos y se necesitan mutuamente, reflejándose en la vida diaria. Por ejemplo, cuando los frailes se centran en exceso en la actividad, corren el riesgo de caer en el activismo y perder parte del carisma si descuidan la oración y la fraternidad.

  3. Familia universal: Deberíamos favorecer más esta realidad, aunque no siempre lo logramos, ya que tendemos a centrarnos en lo más cercano. Mirar otras realidades puede ayudarnos a vivir con mayor optimismo, especialmente en Europa, donde la disminución de vocaciones —la mitad que hace 40 años— contrasta con los brotes de esperanza en el Carmelo seglar europeo y con la abundancia de vocaciones jóvenes en otros lugares. Los medios técnicos actuales pueden ayudarnos a ser, a la vez, locales y universales.

Para concluir, el padre Agustí compartió tres pinceladas finales:

  1. La importancia de la formación continua y del acompañamiento vital a los jóvenes, mostrándoles cómo se vive como Carmelita.

  2. El valor teresiano de la humildad; no debemos valorar la Orden por sus resultados, pues en nuestra familia esto carece de sentido.

  3. La misión: recordar siempre la importancia de la misión en la vida del Carmelo. La Provincia de San Joaquín de Navarra es un claro ejemplo de entrega misionera, y la Orden agradece todo lo que ha recibido de ella. No debemos detenernos, sino continuar en la misión evangelizadora allá donde estemos, desde nuestra experiencia.

Con estas tres ideas, el padre Agustí culminó su exposición, ayudándonos a comprender mejor nuestra familia, sus desafíos y, sobre todo, transmitiéndonos esperanza.

A las 12:00 celebramos el acto central de la jornada: la Misa concelebrada en la iglesia del convento, presidida por el padre Agustí y concelebrada por el padre Jon Korta, Provincial, y el padre Cipriano, Prior del convento de Vitoria, junto a numerosos padres de la Provincia. Fue un momento para constatar la diversidad y riqueza que ya somos.



Finalizada la Misa, tuvimos un rato para visitar la ciudad o compartir un vermut y una conversación, que culminó con una comida fraterna en un restaurante cercano al convento. El Menú Dámaso nos ayudó a reponer fuerzas, seguir compartiendo alegría y, sobre todo, profundizar en nuestra identidad de familia.

Tras la comida, poco a poco, fuimos retomando el camino de regreso a nuestros hogares.

Gracias al padre Agustí por su presencia, por transmitirnos la realidad de lo que somos y los desafíos que afrontamos, pero, sobre todo, por la esperanza que nos ha infundido. Gracias a la Orden en la Provincia por organizar esta fiesta y al convento de Vitoria por su acogida. Gracias a los seglares que habéis colaborado en las lecturas y cantos, haciendo posible todo lo que vivimos. Gracias a todos los asistentes: frailes, hermanas, seglares y amigos de los carmelitas que nos acompañasteis. Y, por supuesto, gracias a ti, Jesús, que nos regalaste todo lo vivido. Gracias.



Amparo Esparza Irigoyen, OCDS