OCDS de NAVARRA
.....Orden del Carmelo Descalzo Seglar .......(Provincia de San Joaquín de Navarra - España)
martes, 13 de octubre de 2026
miércoles, 9 de septiembre de 2026
Definitorio General. Vocación de la OCDS. México 2026
Definitorio Extraordinario OCD. México 2026
La Orden Seglar de los Carmelitas Descalzos:
una vocación que pertenece al corazón de la Orden
Queridos hermanos, Superiores Mayores de la Orden del Carmelo Descalzo,
Quisiera comenzar con una pregunta muy sencilla: ¿Qué lugar ocupa realmente la OCDS en nuestro corazón como Orden de Carmelitas Descalzos? No pregunto solamente qué lugar ocupa jurídicamente, porque sabemos que las Constituciones nos ofrecen una estructura muy clara.
La pregunta es más profunda: ¿La consideramos verdaderamente como una vocación del Carmelo? Porque de la respuesta a esta pregunta depende mucho de cómo acompañamos a nuestras comunidades, cómo elegimos a nuestros asistentes, cómo invertimos en su formación y cómo nos relacionamos con ellos.
La OCDS no es simplemente un grupo de laicos que tienen devoción a Santa Teresa o a San Juan de la Cruz, sino que es una vocación que participa del mismo carisma teresiano que nosotros hemos recibido como frailes.
¿QUIÉN ES LA OCDS?
La OCDS está constituida por cristianos llamados a vivir en el mundo el seguimiento de Jesucristo según el carisma teresiano. Su vocación nace de una llamada de Dios y se expresa mediante una vida concreta: oración; vida sacramental; fraternidad; formación; compromiso con la Iglesia; vida familiar y profesional vivida desde el Evangelio; y testimonio del carisma carmelitano en medio del mundo.
Por eso debemos superar una visión reducida:
La OCDS no es una extensión de nuestras parroquias.
No es un grupo de colaboradores de los frailes.
No es simplemente un movimiento espiritual.
No es un grupo que existe para ayudarnos en nuestras actividades.
Es una vocación laical propia dentro de la familia del Carmelo Teresiano. Las Constituciones establecen que la OCDS participa del carisma de la Orden y vive su vocación en medio del mundo. Por eso la pregunta no debería ser: ¿Qué puede hacer la OCDS por nosotros?, sino: ¿Cómo podemos nosotros ayudar a que esta vocación llegue a su plenitud?
La vocación del Carmelita Seglar tiene una característica fundamental: vive el Carmelo sin abandonar el mundo. El fraile vive el carisma desde su consagración religiosa y la monja vive el mismo carisma desde la vida contemplativa claustral. La OCDS lo vive desde la familia, el matrimonio, la profesión, la sociedad, la Iglesia local, las responsabilidades civiles y las relaciones humanas.
Aquí encontramos una enorme riqueza. La OCDS puede llevar el espíritu de Teresa de Jesús a lugares donde nosotros, como religiosos, no podemos llegar: puede llevar la oración al ambiente familiar; la contemplación al mundo profesional; la fraternidad a la sociedad; el discernimiento a las decisiones cotidianas; y el Evangelio a las realidades temporales. La OCDS tiene, por tanto, una misión propia: está llamada a ser Carmelo en medio del mundo.
Si queremos acompañar correctamente a la OCDS, debemos conocer y respetar su forma de vida. Podemos resumirla en cinco pilares:
1. La oración
El centro es la amistad con Cristo. Teresa de Jesús nos recuerda que la oración no consiste solamente en muchas palabras, sino en estar con Aquel que sabemos que nos ama. La OCDS debe ser una escuela de oración. No solamente una comunidad que habla de oración, no solamente una comunidad que organiza actividades, sino una comunidad que ora.
La primera pregunta que debemos hacernos es: ¿Nuestras comunidades están ayudando realmente a sus miembros a convertirse en personas de oración?
2. La fraternidad
El Carmelo no se vive individualmente. Santa Teresa comprendió la importancia de pequeñas comunidades donde las personas pudieran ayudarse mutuamente a caminar hacia Dios. La comunidad OCDS debe ser lugar de acogida, lugar de formación, de discernimiento, de corrección fraterna, de perdón y de crecimiento. Una comunidad que no genera fraternidad termina convirtiéndose simplemente en una reunión mensual.
3. La formación
La formación no termina con las Promesas. Una persona hace sus Promesas precisamente para continuar creciendo. La formación debe abarcar la formación humana, cristiana, carmelitana, bíblica, espiritual y formación para la misión. Necesitamos Carmelitas Seglares que conozcan a Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús, Isabel de la Trinidad y los demás santos del Carmelo. Pero no basta conocer sus textos, hay que aprender a vivir su experiencia de Dios.
4. La vida cotidiana
Aquí encontramos quizás una de las mayores riquezas de la OCDS. El Carmelita Seglar no deja su familia para vivir el Carmelo, sino que lleva el Carmelo a su familia. No abandona su trabajo, sino que lleva el espíritu del Evangelio a su trabajo. No abandona la sociedad, está llamado a ser presencia cristiana y carmelitana dentro de ella. La vocación se verifica en la vida cotidiana.
5. La misión
La contemplación nunca nos encierra en nosotros mismos. Teresa de Jesús, después de su experiencia profunda de Dios, sintió el deseo de servir a la Iglesia. Por eso podemos hablar de una dinámica: la oración lleva a la transformación, a la fraternidad, al servicio y a la misión. La OCDS debe preguntarse: ¿Qué está haciendo nuestro carisma por la Iglesia y por la sociedad donde vivimos?
Una pregunta fundamental sería: ¿Qué aporta la OCDS a la Orden? Muchas veces pensamos solamente en lo que la Orden debe ofrecer a la OCDS. Pero también debemos reconocer que la OCDS ofrece algo precioso a toda la Orden: una presencia del Carmelo en el mundo ya que los seglares llevan nuestro carisma a realidades donde los religiosos no estamos presentes; un testimonio laical de contemplación que nos recuerda que la contemplación no pertenece solamente a los conventos; una presencia en la familia, el Carmelo entra en los hogares; una presencia profesional y social, muchos médicos, profesores, abogados, empresarios, padres y madres de familia, jóvenes, jubilados y profesionales pueden ser testigos del carisma.
Una OCDS viva puede ser también un terreno vocacional para toda la Familia Carmelita y su colaboración evangelizadora puede colaborar con la Iglesia local desde su identidad propia.
La OCDS nos ayuda a renovarnos nosotros mismos, y nos ayuda a recordar que el Carmelo existe para buscar a Dios y llevar su presencia al mundo. Cuando encontramos OCDS apasionados por Teresa, Juan de la Cruz y la oración, ellos también pueden despertar en nosotros el entusiasmo por nuestro propio carisma.
ASISTENCIA PASTORAL PARA LA OCDS
Comencemos primero con el Asistente Espiritual de una comunidad de la OCDS. Aquí entramos en una responsabilidad muy concreta. El Asistente Espiritual no es: el dueño de la comunidad; el presidente de la comunidad; el director de formación; o quien toma todas las decisiones. Las Constituciones señalan que el Consejo de la comunidad tiene la responsabilidad inmediata de la comunidad y que el Asistente debe respetar las responsabilidades propias de los seglares. Entonces, ¿qué hace el Asistente?
El Asistente Espiritual es principalmente:
1. Testigo del carisma: debe conocer y vivir el espíritu del Carmelo. No puede transmitir lo que él mismo no conoce.
2. Acompañante espiritual: ayuda a la comunidad a profundizar su relación con Cristo.
3. Formador: colabora en la formación inicial y permanente.
4. Puente de comunión: es un vínculo entre la comunidad OCDS y la Provincia.
5. Animador de la vida espiritual: ayuda especialmente en la oración, liturgia, retiros y momentos de discernimiento.
6. Servidor de la unidad: ayuda a prevenir y resolver conflictos y favorece la comunión.
El documento sobre la atención pastoral de la OCDS subraya precisamente que el Asistente debe favorecer una unión viva entre las comunidades religiosas y seglares; debe conocer su rol con respecto a las comunidades de la OCDS y es igualmente importante saber qué no debe hacer.
El Asistente no debe crear dependencia. No debe pensar: “Sin mí la comunidad no puede funcionar”. Al contrario, su objetivo debería ser: “Quiero ayudar a que esta comunidad madure y sea capaz de vivir responsablemente su propia vocación”.
El Asistente no debe sustituir al Consejo de la comunidad OCDS. No debe controlar todas las decisiones. No debe convertir la OCDS en una dependencia del convento. Debe acompañar, formar, discernir y favorecer la comunión. La buena asistencia no crea dependencia, crea madurez.
Los Superiores Mayores deben también saber cuál debe ser su relación con las comunidades de la OCDS presentes en su jurisdicción. Aquí está probablemente el punto central.
Las Constituciones dicen claramente que el Provincial es el Superior de la OCDS dentro de su territorio y que es responsable de su bienestar. También le corresponde realizar las visitas y, después de consultar a los consejos de las comunidades, nombrar a los Asistentes Espirituales.
Por tanto, la responsabilidad del Provincial no puede delegarse completamente al Asistente.
Puede delegar una función, pero no puede delegar su responsabilidad. Esto significa que un Provincial debería preguntarse periódicamente:
¿Conozco realmente la situación de la OCDS en mi Provincia?
¿Sé cuántas comunidades tenemos?
¿Cómo están sus Consejos?
¿Cómo está la formación?
¿Tenemos buenos Asistentes?
¿Los Asistentes reciben formación específica?
¿Existe una relación real entre frailes y seglares?
¿Las comunidades están creciendo espiritualmente?
¿Estamos acompañando nuevas fundaciones?
¿Estamos formando jóvenes?
¿Estamos preparando nuevos formadores?
Estas preguntas forman parte de una verdadera responsabilidad pastoral. Una de las decisiones más importantes de un Superior Mayor es la elección del Asistente. No se debería elegir simplemente a quién tiene tiempo. La pregunta debería ser: “¿Quién tiene las cualidades para acompañar una vocación carmelitana seglar?” Necesitamos religiosos que amen al Carmelo, conozcan la espiritualidad teresiana, tengan experiencia de acompañamiento, respeten la vocación laical, sepan escuchar, sepan trabajar en equipo, tengan madurez humana, tengan capacidad de diálogo, conozcan las Constituciones de la OCDS y comprendan la misión de los laicos en la Iglesia.
Las propias normas indican que el asistente debe estar bien formado en espiritualidad carmelitana y conocer la enseñanza de la Iglesia sobre el papel de los laicos.
EL FUTURO: UNA ORDEN CON TRES VOCACIONES
Necesitamos pasar de la tutela a la colaboración, del control a la confianza, de la dependencia a la corresponsabilidad de “hacer cosas para la OCDS” a “caminar con la OCDS” y de una pastoral de mantenimiento a una pastoral vocacional.
No se trata de abandonar a la OCDS a su suerte. Todo lo contrario. Se trata de acompañarla para que alcance su madurez. La autonomía responsable no significa independencia de la Orden, sino que el Carmelita Seglar asume responsablemente la vocación que ha recibido.
Podemos imaginar el Carmelo Teresiano como una gran familia formada por frailes, monjas y seglares: tres formas de vivir un mismo carisma, tres vocaciones diferentes, una misma fuente, una misma tradición espiritual, una misma pasión por Cristo. No necesitamos uniformidad, necesitamos comunión. El futuro del Carmelo no será solamente preguntarnos:
¿Cuántos frailes tenemos?, sino que también debemos preguntarnos: ¿Cuántos hombres y mujeres están descubriendo la belleza de la vocación carmelitana?; ¿Cuántas familias están viviendo el Evangelio desde el Carmelo?; y ¿Cuántos laicos están aprendiendo a ser contemplativos en medio del mundo?
Los dos proyectos principales de la OCDS en este momento son: la petición de una sanatio in radice al Dicasterio para la Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica para regularizar a los miembros de la OCDS que se encuentran en situaciones irregulares en relación con sus promesas, y la actualización del Ritual OCDS. El borrador ya ha sido presentado al Dicasterio para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos.
Algunos proyectos para el futuro que se deberán discernir por la OCDS misma y los superiores de la Orden serian: actualización de las Constituciones del OCDS; actualización de la Ratio Instituciones de la OCDS; formación para asistentes espirituales OCDS y consejos comunitarios OCDS; promoción vocacional: ser misioneros OCDS para la OCDS; cursos de formación para la OCDS; y formación de conferencias regionales internacionales de la OCDS.
El futuro de la OCDS está, en buena medida, en manos de los Superiores Mayores de la Orden, quienes tienen una responsabilidad particular de acompañar, cuidar y promover esta vocación que pertenece al corazón de la Orden. El futuro no se construye solamente con estructuras, sino con personas acompañadas, formadas y confiadas a la acción del Espíritu Santo. Cuidar hoy la OCDS es sembrar el futuro del Carmelo Teresiano. Por eso les invito a asumir con esperanza y compromiso las siguientes propuestas:
1. Conocer: personalmente la realidad de la OCDS de la Provincia.
2. Visitar: no solamente recibir informes; encontrarse personalmente con las comunidades.
3. Formar: ofrecer formación específica a los Asistentes Espirituales.
4. Acompañar: mantener una relación periódica con el Consejo Provincial OCDS.
5. Discernir: evaluar con seriedad la salud vocacional y espiritual de las comunidades.
6. Promover: favorecer nuevas vocaciones y nuevas comunidades donde sea posible.
7. Confiar: dar a los seglares espacio para asumir su responsabilidad propia.
CONCLUSION
Estimados Superiores Mayores de la Orden, quizás la pregunta final no sea: ¿Qué hacemos con la OCDS? La pregunta es: ¿Qué quiere hacer Dios con la OCDS dentro de nuestra Orden? Y quizá su tarea como superiores mayores sea simplemente crear las condiciones para que esa vocación pueda florecer. Santa Teresa soñó con pequeñas comunidades de amigos que caminaran juntos hacia Dios. Hoy ese sueño continúa también en nuestros seglares, en nuestras familias y en nuestras comunidades OCDS.
Cuidar la OCDS no es una tarea secundaria, es cuidar una parte del don que Dios ha confiado al Carmelo Teresiano. Y acompañarla no significa hacerla depender de nosotros, sino ayudarla a descubrir quién es. Porque cuando un Carmelita Seglar descubre verdaderamente su vocación, no necesitamos preguntarle: ¿Qué puedes hacer por la Orden? Él mismo comenzará a preguntarse: Señor, ¿qué quieres hacer a través de mí? Ese es, en definitiva, el objetivo de toda verdadera formación: que cada persona pueda llegar a vivir con fidelidad la vocación que Dios le ha dado, y que frailes, monjas y seglares podamos decir juntos: somos diferentes en nuestra forma de vida, pero pertenecemos a una misma familia, vivimos de un mismo carisma y caminamos hacia un mismo Cristo.
PREGUNTAS PARA NUESTRA REFLEXIÓN
1. ¿Qué lugar ocupa realmente la OCDS en nuestra Provincia: la consideramos una verdadera vocación del Carmelo o principalmente un grupo de colaboradores?
2. ¿Estamos eligiendo y formando adecuadamente a los Asistentes Espirituales para que acompañen a la OCDS respetando la responsabilidad propia de los seglares?
3. ¿Qué decisión concreta podemos tomar como Superiores Mayores para promover el crecimiento, la madurez vocacional y la corresponsabilidad de la OCDS en nuestra Provincia?
Fr. Ramiro Casale, OCD
Delegado General para la OCDS
5 de septiembre de 2026
Secretaría General para la OCDS
El Provincial / Superior Mayor: lo que debe y no debe hacer
El Provincial DEBE. El Provincial NO DEBE.
Reconocer la OCDS como una verdadera vocación del Carmelo Teresiano.
Considerarla simplemente como un grupo apostólico de la Provincia.
Conocer la realidad de la OCDS de su territorio.
Delegar completamente la OCDS y no interesarse por ella.
Velar por el bienestar espiritual y vocacional de las comunidades.
Preocuparse solamente cuando aparece un problema.
Conocer a los responsables de la OCDS.
Mantener una relación únicamente administrativa.
Visitar las comunidades o favorecer su visita pastoral.
Gobernar la OCDS desde lejos sin conocer su realidad.
Nombrar Asistentes preparados y adecuados.
Nombrar al religioso simplemente porque tiene tiempo.
Formar y acompañar a los Asistentes Espirituales.
Enviar a un Asistente sin preparación específica.
Garantizar una adecuada formación carmelitana.
Dejar toda la formación en manos de personas sin preparación.
Promover la comunión entre frailes, monjas y seglares.
Crear una separación entre las distintas ramas de la familia carmelita.
Respetar la responsabilidad propia de los seglares.
Controlar cada decisión de las comunidades.
Favorecer la corresponsabilidad.
Crear una relación de dependencia.
Escuchar al Consejo Provincial y a las comunidades.
Tomar decisiones sin conocer la realidad de la OCDS.
Promover nuevas vocaciones OCDS.
Limitarse a mantener las comunidades existentes.
Favorecer nuevas comunidades donde exista una verdadera llamada.
Crear comunidades solamente para aumentar las estadísticas.
Cuidar especialmente la formación de formadores.
Pensar que la formación termina con las Promesas Definitivas.
Evaluar periódicamente la salud de las comunidades.
Esperar a que aparezcan conflictos graves.
Proporcionar recursos humanos y espirituales.
Considerar la OCDS como una carga económica o pastoral.
Mantener comunicación con la estructura internacional/nacional de la OCDS.
Aislar la realidad provincial de la comunión más amplia de la Orden.
Promover una cultura vocacional.
Reducir la OCDS a voluntariado o colaboración apostólica.
Confiar en los seglares y ayudarles a crecer.
Pensar que “si no lo hago yo, no se hará bien”.
El Provincial no está llamado a controlar la OCDS, sino a garantizar que la vocación que la
Iglesia y el Carmelo han confiado a la Orden pueda crecer, madurar y dar fruto.
Secretaría General para la OCDS
El Asistente Espiritual OCDS: lo que debe y no debe hacer
El Asistente Espiritual DEBE El Asistente Espiritual NO DEBE
Conocer y amar el carisma teresiano.
Considerarse el dueño de la comunidad.
Conocer la Regla, las Constituciones y los documentos de la OCDS.
Desconocer o ignorar la identidad propia de la OCDS.
Acompañar espiritualmente a la comunidad.
Sustituir al Consejo de la comunidad.
Favorecer la vida de oración y contemplación.
Convertir las reuniones en simples actividades o reuniones administrativas.
Ayudar en la formación inicial y permanente.
Ser el único responsable de la formación.
Animar a vivir el Evangelio según el carisma del Carmelo.
Imponer su propia espiritualidad o preferencias personales.
Respetar la vocación y responsabilidad propia de los seglares.
Tratar a los seglares como “religiosos de segunda categoría”.
Escuchar, dialogar y discernir con el Consejo.
Tomar decisiones por el Consejo.
Favorecer la fraternidad y la comunión.
Crear divisiones, favoritismos o dependencias.
Ser puente entre la OCDS y la comunidad religiosa/Provincia.
Aislar la comunidad OCDS de la Provincia.
Ayudar a resolver conflictos desde el Evangelio.
Intervenir autoritariamente en todos los conflictos.
Acompañar los procesos vocacionales con prudencia.
Admitir o promover personas sin un verdadero discernimiento.
Animar la participación en la vida de la Iglesia y del Carmelo.
Reducir la OCDS a actividades internas.
Formar para la misión de los seglares en el mundo.
Pretender que la misión de la OCDS sea simplemente ayudar a los frailes.
Favorecer la autonomía responsable del Consejo.
Crear dependencia personal de su figura.
Ser presencia del Carmelo y testimonio de vida.
Hablar mucho del Carmelo sin vivir personalmente el carisma.
Informar y mantener una comunicación adecuada con el Superior Mayor.
Actuar independientemente de la estructura pastoral de la Orden.
El buen asistente no hace que la comunidad dependa de él; ayuda a que la comunidad
madure y pueda vivir responsablemente su propia vocación.
Secretaría General para la OCDS
El Asistente Espiritual y el Superior Mayor
Asistente Espiritual Provincial / Superior Mayor
El Asistente acompaña la comunidad; el Provincial vela por la OCDS.
Ambos sirven a una misma realidad: que la vocación de la OCDS pueda crecer en fidelidad
al carisma de Santa Teresa de Jesús.
Secretaría General para la OCDS
El Consejo de la Comunidad OCDS y del Asistente Espiritual Consejo de la Comunidad OCDS
El Consejo guía a la comunidad.
El Asistente Espiritual la acompaña espiritualmente y custodia el carisma.
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lunes, 24 de agosto de 2026
Ávila: poner rostro a una familia (OCDS) que ya conocíamos.
Es 22 de julio de 2026. Después de dos años de preparativos, inscripciones, búsquedas de alojamiento y algún que otro encaje de bolillos, por fin llega el momento de hacer las maletas y poner rumbo a Ávila. Nos espera el Encuentro Mundial de la Orden del Carmelo Descalzo Seglar (OCDS), una cita que reunirá a cerca de 900 participantes de unos 80 países.
Desde la Provincia de San Joaquín de
Navarra somos diez: siete laicos —cuatro de Pamplona, dos de Vitoria y uno de
Santander— y los padres Dámaso, asistente de Santander; Richard, delegado de la
OCDS en la Provincia, y nuestro padre Provincial, Jon Korta.
Salimos alrededor de las diez de la
mañana, pero antes hacemos una parada en Olza. Allí se incorpora al viaje una
hermana de la OCDS de Ecuador, familiar de una de las madres del convento. Ya
estamos todos. Josetxo se pone al volante y Ávila empieza a parecer cada vez
más cercana.
La ciudad nos espera, y también el
primer pequeño desafío: ¿cómo alojar a casi 900 personas? La solución pasa por
repartirnos entre distintos lugares. Unos en el CITeS, otros en las Carmelitas
Misioneras de Ávila y algunos en hoteles. Una pequeña muestra de lo que será el
encuentro: muchos lugares, muchas procedencias, una misma familia.
Por la tarde nos acreditamos en el
Palacio de Congresos Lienzo Norte de Ávila, escenario de los días que tenemos
por delante. La organización es impecable. Hay mostradores suficientes para
atender a los participantes según sus idiomas y, entre acreditaciones y
saludos, empieza ya el encuentro.
Después queda un poco de tiempo para
acercarnos a la ciudad. Intentamos retener la imagen de sus murallas, esas
piedras que parecen haber visto pasar siglos enteros. Pero Ávila será mucho más
que sus murallas.
La cena nos da el primer anticipo de
lo que está por venir. A nuestro alrededor se mezclan Portugal, Asia, Francia…
Hermanos que hasta entonces eran nombres lejanos nos cuentan de dónde vienen.
Todavía no lo sabemos, pero durante estos días muchos de ellos dejarán de ser
simplemente hermanos de la Orden para convertirse en rostros, voces y
recuerdos.
El día 23 comienza propiamente el
Encuentro. El lugar es un edificio moderno, funcional, pensado para acoger a
mucha gente y facilitar el propósito de quienes lo visitan. Y allí, entre
luces, salas y traducciones, comienza una experiencia difícil de resumir en
pocas palabras.
La apertura reúne a distintas
autoridades civiles y eclesiales. Para nosotros tienen especial significado las
palabras del padre General, Miguel Márquez, y del delegado de la OCDS en el
mundo, el padre Ramiro Casales, responsable, en buena medida, de que toda esta
familia carmelitana haya podido reunirse en Ávila.
Cada jornada tiene dos momentos que
marcan el ritmo: la Eucaristía, celebrada cada día en un idioma diferente, y la
oración de la noche. Una oración guiada al modo de Teresa, desde el silencio y
la hondura, que nos devuelve al final de cada jornada al lugar esencial.
Entre ambos momentos hay mucho que
escuchar y mucho que compartir.
Hermanos
seglares de Italia, Ecuador, Madagascar, Filipinas y Estados Unidos nos ayudan
a profundizar en nuestra identidad, en lo que significa pertenecer a la Orden y
en nuestro lugar dentro de la Iglesia y del mundo. No son discursos abstractos:
todos parten de nuestras Constituciones y aterrizan en la vida concreta, en ese
compromiso que cada uno ha asumido.
El padre General nos invita a
reflexionar sobre la identidad del Carmelita Seglar. Los padres Alzinir
Debastiani y Ramiro Casales abordan, respectivamente, la atención pastoral a la
OCDS y el camino que tenemos por delante.
Hay mucha letra, sí. Letra densa, de
esa que requiere atención y que después sigue dando vueltas en la cabeza. Pero
Teresa también sabía que sus hijas necesitaban recreo. Y nosotros no íbamos a
ser menos.
El viernes por la tarde llega la
“acción intercultural”. Filipinas, México y otros países nos enseñan pequeños
retazos de sus culturas. Hay música, bailes, gestos y ocurrencias. Y, como
suele ocurrir cuando la alegría es auténtica, las fronteras duran poco:
Bailamos todos.
También el padre General se suma a la
fiesta y nos enseña a expresar, sin palabras, la bendición irlandesa. Después
nos la regala a todos. Durante unos instantes no hace falta traducción alguna.
Y quizá ahí esté una de las claves
de estos días: descubrimos que hay muchas maneras de hablar y, sin embargo,
algunas cosas se entienden perfectamente sin palabras.
Hay otra cuestión que merece
capítulo propio: dar de comer a 900 personas a la vez.
Fuimos testigos de que es posible.
Aunque, en Ávila, hasta esto tuvo su historia.
El espacio previsto para las comidas
tuvo que utilizarse para acoger a personas que habían sido desalojadas de sus
casas debido al incendio que afectó a la provincia. Así que hubo que
reorganizarlo todo. Las mesas se trasladaron a los pasillos y, durante dos
días, comimos allí.
¿Problema? Sí.
¿Drama? Ninguno.
Todo funcionó. Quizá porque cuando
se tiene claro que lo importante es que todos estén atendidos, las soluciones
aparecen.
También hubo tiempo para una fiesta
de flamenco clásico en el CITeS: música, baile, cena y bebida. Otra oportunidad
para celebrar que, además de trabajar y reflexionar, una familia también sabe
disfrutar cuando se encuentra.
El domingo cada participante puede
elegir entre distintas excursiones. No son destinos escogidos al azar: Medina
del Campo y Fontiveros, Alba de Tormes, Segovia y Ávila nos llevan a lugares
profundamente vinculados al Carmelo y a sus santos.
Son caminos que ayudan a poner
paisaje a una historia que conocemos por los libros.
Y llega el momento de la despedida.
La Eucaristía final se celebra en la Catedral de Ávila, presidida por el
obispo, don Jesús Rico García, acompañado por numerosos sacerdotes de la
diócesis y religiosos carmelitas, junto al padre General de la Orden, Miguel
Márquez Calle.
Y allí sucede una de esas pequeñas
casualidades que uno prefiere llamar regalo.
De Malawi, dentro de nuestra
Provincia, han acudido tres hermanas. Durante el encuentro hemos podido
saludarlas, pero en la Catedral conseguimos estar cerca de una de ellas,
Atusaye. Entre cientos de personas, justo allí.
Le damos gracias a Dios por esa
casualidad y le pedimos que la bendiga, como a todos nuestros hermanos. Porque
algunos están cerca y otros muy lejos; algunos los conocemos desde hace años y
otros apenas acabamos de ponerles nombre. Pero hay algo que nos une y que no
necesita traducción: hablamos el mismo lenguaje espiritual.
El lunes toca regresar. Cada uno a
su lugar de origen. Volvemos con muchas imágenes en la retina: las murallas de
Ávila, las celebraciones, las conversaciones, los bailes, los pasillos
convertidos en comedor, las caras de tantos hermanos.
Me preguntaron cuáles eran mis
sensaciones después del Encuentro y me pidieron que las resumiera en dos
palabras.
La primera es rostros.
Sabía que tenía hermanos en todo el
mundo, pero después de estos días les he puesto rostro. He podido conocer la
riqueza que representa nuestra diversidad de culturas, de maneras de vivir y de
afrontar las dificultades.
La segunda es alegría.
La alegría de descubrir que, aun
viniendo de lugares tan distintos, compartimos una misma melodía espiritual.
Durante estos días mis hermanos han
puesto en común problemas, riquezas, experiencias y soluciones para afrontar el
día a día de nuestras comunidades. Como responsable de la OCDS de San Joaquín
de Navarra, regreso con la mochila cargada de ideas y, sobre todo, de deseos.
Deseos que ahora toca convertir en realidad para ayudar a nuestras comunidades
a avanzar.
Quizá
esa sea la mejor manera de medir lo que ha ocurrido en Ávila. No solo por lo
vivido allí, sino por lo que llevamos de vuelta.
Nos fuimos diez desde Navarra y
regresamos sabiendo que somos parte de algo mucho más grande. Una familia que
habla muchos idiomas, que tiene acentos diferentes, que baila de maneras
distintas y que vive en lugares separados por miles de kilómetros. Pero que,
cuando se reúne, descubre que la melodía es la misma.
Gracias a la Orden. Gracias al padre
Ramiro. Gracias a todos los que hicieron posible este encuentro y a todos los
que tuvimos la suerte de vivirlo. Gracias a nuestros hermanos de la Provincia
de San Joaquín de Navarra y, de manera especial, a nuestro padre Provincial por
acompañarnos. Gracias a todos esos
hermanos que, hasta hace unos días, eran desconocidos y que ahora ya tienen un
rostro, una voz y un lugar en nuestra memoria. Ávila se queda atrás. Las
murallas también. Pero lo que hemos vivido viaja con nosotros.
Amparo Esparza Irigoyen.
Presidenta Consejo Provincial Ocds San Joaquín de Navarra
